Tecnologías de proceso y tecnologías de tarea

Tecnologías de proceso y tecnologías de tarea

Hacemos un breve alto en el camino antes de proseguir con unos pocos artículos más en que continuaremos hablando de las tecnologías que se pueden utilizar en la digitalización de procesos.

 

Y hacemos ese alto para hacer una diferenciación que no tiene sitio en la literatura especializada pero que nosotros quisiéramos reseñar, especialmente a tenor de las tecnologías que revisaremos en próximos artículos.

 

Lo cierto es que casi cualquier tecnología digital es susceptible de ser utilizada, de alguna manera, para digitalizar procesos o, más bien, alguna parte de ellos. Por eso quisiéramos distinguir entre lo que denominamos tecnologías de proceso de aquellas tecnologías que denominaremos de tarea, insistiendo que es una visión particular nuestra.

 

Llamamos tecnología de proceso a aquellas tecnologías que tienen como objetivo los procesos vistos extremo a extremo y con una cierta ‘conciencia’ de la existencia de ese proceso. La tecnología por excelencia que cumple con esa definición es, sin lugar a duda, la de los BPMS. Probablemente sea la única que, dicho con rigurosidad, se pueda considerar una tecnología de proceso. Sin embargo, no parece descabellado incluir dentro de este paraguas, también, a los sistemas de gestión empresarial (ERPs, y CRMs), al Case Management o al ITSM.

 

Por el contrario, hay tecnologías que sirven para realizar ciertos trabajos, ciertas tareas específicas. Pero, en general, esas tareas formarán parte, sea esto más o menos explícito, de algún proceso. En la medida que esas tecnologías ayudan a digitalizar o automatizar tareas de un proceso, se deben tener en cuenta como candidatas a ser usadas en la automatización y en la digitalización. Pero preferimos, en este caso, denominarlas tecnologías de tarea. Dentro de este paraguas incluiríamos también a tecnologías que, quizá, automatizan varias tareas, o una secuencia de ellos o, incluso, algún subproceso, pero no procesos extremo a extremo.  Aquí cabría casi cualquier tecnología pero, de las que hemos visto, hablaríamos de los chatbots (tareas de interfaz con usuario), de Complex Evennt Processing (tratamiento de eventos), la inteligencia artificial, y algunas otras que iremos viendo como workforce management, blockchain/smart contracts, etc.

 

Las fronteras no son claras, pero en general no cuesta trabajo, creemos, entender la diferenciación, al menos en su filosofía subyacente.

 

Quizá la tecnología de más difícil clasificación sea Robotic Process Automation (RPA). En su aplicación más natural, tiende a ser una tecnología de tarea, aunque con cierta tendencia a asumir subprocesos y no sólo tareas simples. Sin embargo, RPA tiene el potencial técnico de, aunque sea forzando un poco su filosofía, llegar a digitalizar procesos extremo a extremo. De momento nos parece más acertado clasificarla como tecnología de tarea… y estar muy atentos a su evolución.

 

Se trata, no obstante, esta distinción entre tecnologías de proceso y de tarea, más bien una forma de entenderse y ayudar a entender las tecnologías y lo que significan. A la hora de la aplicación en una reingeniería digital de procesos, no importan tanto su clasificación sino su impacto en el negocio, su adecuación a la labor de digitalización que se pretende y su facilidad o no de implantación.

 

Continuemos…

 

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